9 de agosto de 2013

La competencia del League of Legends, DOTA 2


Tras 2 años de interminable beta cerrada, el título más importante de la historia de Valve finalmente ve la luz. Lo que empezó siendo un mod independiente para Warcraft 3 hace 10 años, apunta a convertirse hoy en uno de los mayores fenómenos que se recuerdan en la plataforma. Algo que prácticamente ya ha conseguido incluso antes de publicarse definitivamente. Casi 4 millones de usuarios únicos mensuales y más de 300.000 conectados de forma simultánea a diario han hecho de Dota 2, pese a la popularidad de League of Legends, el e-Sport por excelencia del momento. Y aún sin estar acabado. Y es ahora, con todo el contenido que se ha ido añadiendo de forma semanal al cliente del juego, cuando IceFrog y Valve, padres de la bestia, han dado el visto bueno para que Dota 2 inicie su despegue definitivo hacia lo que nadie aún es capaz de imaginar


Como decíamos, Dota 2 es la secuela directa de Defense of the Ancients (del que han nacido con el paso de los años otros clones como League of Legends, Heroes of Newerth o el reciente Smite), el popular mod desarrollado para Warcraft 3 por el anónimo y desconocido IceFrog, contratado por Valve para encargarse del nuevo proyecto. Juntos han estado trabajando desde 2009 en un título que a día de hoy no solo respeta las bases del Dota original sino que las mejora, y que abre además un mundo de posibilidades en torno a los e-Sports del que por ahora solo se ha visto la superficie. Todo además acompañado de un modelo de negocio ejemplar, por el que los jugadores pueden disfrutar gratis de todo el contenido del juego, accediendo plenamente sus posibilidades jugables sin pagos ni suscripciones, dejando el pago exclusivamente para la personalización estética y completamente opcional de los personajes.

Para los que no estéis habituados al género de los MOBA (acrónimo impuesto por Riot), he aquí un resumen de la fórmula de moda en compatibles: dos equipos de 5 jugadores cada uno luchan en un mapa, compuesto por tres caminos principales (top, mid y bottom) separados entre sí por zonas de densa jungla, con el único objetivo de destruir la base enemiga, situada en cada extremo del escenario. Cada jugador encarna a un héroe, que mejora sus habilidades y su equipo a base de matar enemigos, como si de un RPG se tratase. En cada una de esas 3 líneas van apareciendo periódicamente unidades controladas por la CPU (creeps) que nos ayudan a presionar hacia la base rival. Del mismo modo, las zonas de jungla están pobladas por enemigos neutrales que sirven como vía alternativa para obtener oro y experiencia. Además, cada camino está defendido por 3 letales torres que hay que destruir para poder avanzar por él, y por lo tanto, nuestro objetivo es mejorar nuestro héroe lo suficiente como para abrirnos paso hacia la base enemiga evitando a la vez que el otro equipo llegue a la nuestra.

Pero donde Dota 2 no escatima, a diferencia de su principal competidor, es a la hora de incorporar a este sencillo concepto de juego un sinfín de complejas mecánicas, que lo acaban convirtiendo en uno de los productos más exigentes y profundos del momento. Dota 2 dispone de una plantilla de más de 100 héroes, todos únicos y diferentes entre sí, pero no autosuficientes. Cada uno de ellos puede ejercer uno o varios roles en el campo de batalla, pero su reparto de habilidades le hacen tan poderoso en determinadas situaciones como débil en otras. Drow Ranger, por ejemplo, es un héroe letal en el combate a distancia, pero sufre cada vez que se enfrenta a un enemigo cuerpo a cuerpo, a diferencia de Axe, mortífero en distancias cortas pero débil contra hechiceros. El plantel de personajes disponibles a día de hoy es, a falta de algunas incorporaciones, calcado al del primer Dota, y eso es garantía de un balanceo y equilibrio entre ellos en el que se lleva trabajando casi una década. Un papel crucial en el potencial de un héroe lo juegan los ítems, cuyas propiedades también se alejan, en su mayoría, del mero y plano incremento de estadísticas. La mayoría disponen de habilidades únicas que, complementadas con las del propio héroe, abren un abanico de posibilidades casi infinito. Un mismo héroe puede jugarse de distintas formas según las características de los objetos que vamos adquiriendo a medida que avanza la partida. El ejemplo más claro de esto lo tenemos precisamente en el recién incorporado Abaddon, uno de los personajes más polivalentes del juego. El homónimo de Arthas en Dota 2 es capaz de realizar tareas de soporte, tanke o portador según cómo lo equipemos, y gracias esa polivalencia, Dota 2 nunca ofrezca dos partidas iguales.


Se podría recurrir al tópico de que DOTA 2 es un juego nacido para marcar época, si no fuera porque ya lo ha hecho. Llegan muchos grandes títulos con el paso de los años, pero pocos son aquellos que no son sólo excelentes sino que también marcan la vida de sus jugadores, convirtiéndose en un lugar especial donde reunirse con los amigos, más allá de la distancia o de los problemas de la vida. Un título puede ser extraordinario durante días o semanas, pero para serlo durante más de una década tiene que ser algo muy especial y ese es el legado que DOTA 2 honra con todos los honores. Un servidor se ha pasado los últimos meses de su vida atrapado con su fórmula. Bueno, yo y cuatro amigos más, que cada noche probamos, de forma desenfadada, nuevas combinaciones y estrategias para derrotar a los equipos rivales. Unas veces nos funcionan y otras no, pero la base sobre la que jugamos es tan perfecta y nos da tantas posibilidades para experimentar, que al terminar cada partida siempre nos apetece empezar otra para ver de qué somos capaces tras haber aprendido de nuestros aciertos y errores. Mi amigo es un maldito kamikaze. Aprovecha la mínima oportunidad para lanzarse a por el enemigo, sin preocuparse de nada más. Pero yo ahora estoy aprendiendo a apoyarle, curarle y protegerle con Abaddon, y la cosa nos empieza a funcionar mejor. No somos ni seremos nunca jugadores profesionales, pero lo pasamos bien. Y al fin y al cabo, eso es lo importante en un videojuego. Nunca antes alguien nos había dado tanto, por tan poco. Y lo que le queda por dar. Desde ya, un clásico. Seas quien seas, gracias IceFrog.